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CÓMO REGAR EL HUERTO

Saber utilizar bien el elemento agua y tener buena disposición del mismo es fundamental para cultivar el huerto.

El agua disuelve las sustancias nutritivas presentes en la tierra facilitando su absorción por las raíces. Además permite y estimula la proliferación de microorganismos y de las micorrizas que se encargan de asimilar estos elementos químicos "brutos" y nutrir con ellos a las plantas. No obstante, para regar el huerto podemos utilizar distintas técnicas. De ellas elegiremos la más acorde con las características del huerto (bancales, surcos, macetas...).

1. Riego por goteo: Tiene dos posibilidades: el sistema interlínea y el de exudación. Esta forma de riego permite los mejores rendimientos con el mínimo de agua, al conseguir que cada planta tenga el grado de humedad óptimo en todo momento.

2. Riego por inundación: Se trata del sistema más tradicional y consiste en hacer circular el agua por los surcos. Ofrece el balance más desfavorable en el consumo de agua por hectárea ya que aporta grandes cantidades en un día, pero pueden permanecer sedientas durante largos periodos. Para evitar la evaporación del suelo tras el riego puede hacerse un acolchado de restos vegetales, paja o plástico sobre el surco. También se pueden plantar leguminosas como el trébol que crecen junto a las plantas cultivadas y evitan la radiación directa del sol sobre la tierra.

LABORES QUE AHORRAN AGUA

Se trata de hacer una escarda en las primeras etapas de crecimiento. Con esta acción se eliminan las hierbas adventicias en su primera fase de desarrollo y se rompe la capilaridad del suelo permitiendo mantener la humedad a nivel de las raíces durante más tiempo.

DOSIFICACIÓN Y PERIODICIDAD.

Se trata de un tema importante y complejo dada la gran variedad de plantas cultivadas en un huerto y sus características específicas en cada ciclo de desarrollo. Incluso las exigencias de agua varían de una variedad a otra dentro de la misma familia. Por ejemplo los tomates de ensalada requieren más riego que las variedades para conserva mientras que los de colgar hay que regarlos muy poco si queremos que nos duren hasta el invierno. Además, la periodicidad que dejamos pasar entre riegos está ligada al clima local. La norma fija es que los riegos más frecuentes se hacen cuanto más seca, calurosa o ventosa sea la época y más irregulares en tiempos o climas húmedos y lluviosos.

La estructura y textura del suelo también influye. Así en un suelo arcilloso tendremos que tener cuidado de no excedernos ya que tiende al encharcamiento y podría axfisiar las raíces. Por el contrario, un suelo arenoso o pedregoso se drena con facilidad y los aportes de agua serán más regulares. En cualquier caso la adición de materia orgánica al suelo mejora la retención de agua.

La densidad de la plantación es importante en el sentido de que si crecen muy juntas pueden necesitar más agua por metro cuadrado de suelo. En cambio lo compensa protegiendo el suelo de los rayos solares y evitando la evaporación, que al final se traduce en una reducción en la periodicidad del riego en relación a los suelos desnudos. Por otro lado, un exceso de riego perjudica porque drena nutrientes del suelo, favorece la aparición de enfermedades criptogámicas (hongos) y fuerza a las plantas a absorber más agua de la realmente necesaria para su correcto desarrollo. Al final esto desemboca en un crecimiento precoz pero que las vuelve más vulnerables ante enfermedades y parásitos, pierden calidad nutritiva y sabor.

En general, los vegetales de hoja ancha y los jugosos suelen tener más necesidades de aportes abundantes y regulares de agua. En cambio si queremos sandias, melones o melocotones más sabrosos dosificaremos bien el agua para que la concentración de azúcares sea mayor.

Para saber si es el momento de regar nos fijaremos si a la caída de la tarde si los brotes tiernos tienden a marchitarse o doblarse. La mayoría de las hortalizas son muy sensibles al exceso de agua en su primera fase de floración, así que para facilitar el cuajado cuidaremos de no excedernos al regar. Una vez cuajados los primeros tomates, pepinos, pimientos, berenjenas, judías... y en pena producción ya no tendremos los mismos para que cierna el fruto. Ahora los riegos pueden ser más generosos.

CALIDAD DEL AGUA

La pureza y calidad del agua está íntimamente ligada a la calidad de los frutos. Las sustancias tóxicas pueden penetrar a través del sistema radicular en las hojas y frutos de las plantas. El exceso de nitratos y nitritos en el agua de riego puede provocar alteraciones en la calidad de las plantas, favorecer el ataque de pulgones, que el fruto se conserve menos tiempo, y que tenga más contenido en agua y un desequilibrio entre nutrienes.

La mineralización del agua también influye en el buen desarrollo del huerto. Las aguas duras o calcáreas con un pH superior a 8 bloquean la capacidad de absorción de nutrientes y provocan clorosis (amarillamiento general de las plantas) por falta de hierro. Cuando el contenido en sales minerales en el agua es superior al 0,1 % tenemos aguas salobres y son pocas las plantas salvo melones, remolachas o tomateras se desarrollan con facilidad en estas condiciones de salinidad. En cambio zanahorias, fresas, judías, lechugas o cebollas requieren aguas poco mineralizadas.

El riego por goteo minimiza el problema de las sales ya que se depositan en el fondo de la tierra hasta donde llega el agua. Por otro lado, el cloro también puede afectar el desarrollo de las plantas: la solución pasaría por embalsar el agua de riego en una alberca o bidón hasta que el cloro se evapore.

Las aguas negras sin depurar no son aconsejables, pues aun conteniendo cantidades elevadas de materia orgánica y nutrientes también portan contaminantes que pueden resultar tóxicos para las personas y las plantas. En caso de utilizarlas solo las aplicaremos a las hortalizas de frutos (tomates, berenjenas, pimientos..) nunca a las raíces (zanahoria, nabo, patatas, rabanitos) ni a las de hojas comestibles (acelgas, lechugas, espinacas). En caso de no tener otra opción esta agua puede depurarse previamente haciéndola pasar por filtros de arena y grava para terminar en un estanque con plantas oxigenadoras que mejoran su calidad.

Además de las recomendaciones citadas, al regar tendremos en cuenta otras consideraciones:

-Regar al anochecer o al amanecer para evitar choques térmicos en verano y ahorrar agua.

-En invierno podemos regar a cualquier hora, preferiblemente a mediodía, evitando la noche por el peligro de que se hiele y dañe las plantas..

-Evitar la aspersión cuando haga viento o el calor sea extremo. En el primer caso porque la rápida evaporación enfriaría la tierra y las plantas; en el segundo porque podría producir quemaduras en las hojasdebido al efecto lupa del sol atravesando las gotas. Con los sistemas de riego pro goteo nos es indiferente

-Si algún cultivo ha sufrido deshidratación, lo protegeremos del sol hasta que caiga la tarde. Entonces lo regaremos por aspersión con intervalos regulares y periódicos, esperando a que las hojas absorban el agua. Después regaremos en abundancia.

Más información: El huerto familiar ecológico. www.mariano-bueno.com. RBA-Integral. Barcelona, 1999.

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