Hace ya unos 4000 años desde que se desarrolló esta técnica en China, y desde entonces ha sido considerada como una de las mejores para obtener el material de bonsai más apropiado. Por este hecho es también llamado acodo chino.
El acodo es una forma de multiplicación en la que se obtienen nuevos individuos a partir de una planta madre, sin necesidad de extraerlos antes de la aparición de raíces. Si bien, para el resto de acodos necesitamos vástagos flexibles o cercanos al suelo, en el acodo chino transportamos el sustrato hacia cualquier tallo, independientemente de su situación en la planta madre.
Su elaboración no es muy difícil, aunque deberemos revisar periódicamente el acodo para evitar la desecación de raíces o el encharcamiento de las mismas. Normalmente se suele practicar en primavera, desarrollándose en nuevo ejemplar durante toda la estación de crecimiento.
En primer lugar elegiremos un tallo no fructífero de la planta madre, al que podaremos las hojas y brotes secundarios de su zona basal. Extraeremos un anillo de corteza por debajo de esta zona, donde se desarrollarán las raíces.
En ejemplares delicados no cortaremos toda la corteza, sino que dejaremos un pequeño paso de savia, que servirá para nutrir ligeramente al tallo durante esta estación de crecimiento.
El siguiente paso es rodear toda la parte basal con esfagno o turba rubia previamente humedecida, lo cual servirá de sustrato al acodo aéreo. Lo rodearemos con plástico de color negro y lo mantendremos adherido fuertemente por medio de cinta aislante. Todo ello deberá quedar herméticamente sellado para evitar la pérdida de agua o el excesivo encharcamiento durante las lluvias.
Al final de la estación de crecimiento observaremos las nuevas raíces de nuestro acodo, justo por encima del anillo de corteza extraído. Sólo nos queda podar los nuevos tallos que brotaron durante la estación de crecimiento.
Si decidimos extraer ahora el acodo para plantarlo en maceta, debemos protegerlo en todo momento de la sequía y las heladas.