Desmitificación de las falsas creencias que se han ido creando acerca del "efecto lupa" sobre las plantas. Explicación de este fenómeno desde una base más científica.
Aunque estéis trabajandoo en la oficina y resulte doloroso lo que os voy a proponer, pensad en un día de playa, tumbados sobre la arena –ahora viene lo mejor- y hace tantísimo calor que decidís daros un refrescante baño. Me ahorro los detalles del placer natatorio y de flotabilidad en el agua del mar, no os vayáis a hacer el hara-kiri.
Pues bien, al salir del agua corred de nuevo a tumbaros al Sol y, desde esta posición privilegiada, mirad de reojo las gotitas de agua que se han quedado sobre la superficie de la piel. En este preciso instante se podría estudiar el efecto lupa sobre vosotros mismos, pero me juego lo que sea a que el frescor producido por la evaporación de las gotas supera ampliamente el calor que hubiese generado el efecto lupa.
Intuyo caras de extrañeza e incertidumbre. Vale, creo que es hora de explicar este fenómeno.
Que levante la mano a quien nunca le ha sobrevolado cual ave rapaz, la idea popular de que si en verano se riegan las plantas a pleno Sol, se queman las hojas por el efecto lupa de las gotas de agua sobre éstas. ¿A ver? ¡Uy! ¡que pocas manos levantadas!.
Bueno, pues resulta que se han hecho numerosos estudios que demuestran que esta afirmación es pura mentira. Y es que los bulos se propagan mejor y más deprisa que la sabiduría. Se hace necesario entonces pasar a la sección de rumores desmentidos:
Lo que lleva realmente a confusión es pensar demasiado en la terminología "efecto lupa" porque uno busca la lupa y no le salen las cuentas. Llevando el razonamiento al límite, de este modo se demostraría que las gotas al Sol no queman las hojas. Pero todos sabemos que sí pueden quemar.
No voy a incluir toda la demostración científica ni los principios básicos de la Óptica Física, sino que tan sólo hablaré de lo que todos hemos visto. Si os fijáis, en el interior de la gota hay un nivel de intensidad luminosa mucho más elevado que a su alrededor, lo que representa una gran cantidad de calor sobre la superficie de la hoja. Parte de este calor es devuelto a la gota –calentándola y provocando su evaporación- pero gran parte se queda en la hoja (debido a su baja conductividad térmica.). El resultado es la típica quemadura por gotas. Es importante apreciar el detalle de que el envés apenas muestra los síntomas, al menos en los primeros días.
Una lupa, para llegar a concentrar el calor de tal modo sobre un punto que pueda provocar quemaduras, debe de disponer de un pequeño espacio entre ella y el objeto a quemar. Es evidente que si la gota de agua está sobre la hoja este espacio no existe.
Lo realmente peligroso es no regar si veis que las plantas tienen mucha falta de agua y esperáis todavía unas horas hasta el atardecer, cuando refresca un poco. Este tiempo de espera puede ser vital para vuestras plantas.
Entonces, podemos concluir que este es otro de los mitos que deberíamos desterrar de entre nuestras creencias populares.
Recuerdo que mi abuelo tenía un enorme jardín y acostumbraba a regarlo todos los días al mediodía cuando el Sol, sobre todo en verano, pegaba fuerte. Pues jamás vi ni una sola quemadura en las hojas, tan sólo en su calva cuando se le olvidaba ponerse su gastado sombrero de paja.