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LA PROCESIONARIA DEL PINO

El pino (Pinus spp) es en todas sus variedades, uno de los árboles más comunes tanto en nuestros bosques como en parques y jardines.

Esto se debe, en gran medida, a la capacidad de adaptación que tiene esta especie a diferentes condiciones ambientales y edáficas, es decir, a su facilidad para desarrollarse bajo la diversa climatología y en los distintos tipos de suelo que existen en la península ibérica.

En todo el área mediterránea existen pinares naturales y cultivados que se extienden desde la alta montaña hasta las costas y cuando se habla de pinos y pinares, es inevitable pensar en una pequeña “oruga peluda” que siempre aparece en primavera allí donde haya un pino. Se trata de Thaumetopoea pityocampa , más conocida como la “procesionaria del pino”.

¿QUÉ ES?

Esta pequeña invasora pertenece al grupo de los insectos, es una larva de Lepidóptero, lo que significa que al completar su desarrollo debe convertirse en mariposa, pero desde que sale del huevo hasta que extiende sus alas recorre un largo camino lleno de cambios en su morfología. Todo este proceso lo lleva a cabo sobre los pinos que no pueden hacer otra cosa que padecer el “peso” de estos incómodos huéspedes.

¿CÓMO SON? ¿CÓMO SE DESARROLLAN?

Los adultos de Thaumetopoea son como ya se ha mencionado mariposas, las hembras pueden llegar a tener un tamaño de casi medio centímetro y son de color gris y blanco con pelos grisáceos; los machos son algo más pequeños, más peludos, de color más oscuro y solo tienen tonalidades grises.

Las hembras son capaces de diferenciar las distintas especies de pinos guiándose por la vista y el olfato y es en las acículas (las hojas del pino) donde realizan la puesta; las sujetan con las patas de dos en dos y depositan los huevos sobre ellas en espiral, a la vez los van cubriendo con unas escamas que tienen en el abdomen. El resultado final tiene el aspecto de un cartucho dorado.

Al cabo de un mes o mes y medio nacen las primeras orugas, son muy pequeñas, apenas llegan a los 3 mm de longitud, pero se alimentan muy activamente desplazándose fácilmente por todas las zonas del árbol.

La característica principal de estas orugas es su comportamiento gregario, desde su nacimiento se agrupan construyendo nidos de seda y se mantienen unidas a lo largo de todo su desarrollo, en el que pasan por cinco etapas de crecimiento llamadas fases larvarias:

-Primera fase larvaria: es la minúscula oruga que sale del huevo, son de color oscuro.

-Segunda fase larvaria: aparece unos 10 días después, cuando las recién nacidas ya han crecido un poco y se produce la primera muda; el resultado es otra oruga de algo más de 1 cm y cubierta de pelos amarillo-anaranjados.

-Tercera fase larvaria: tras otros 10 días y la segunda muda se puede ver a las orugas con su aspecto más conocido, casi 2 cm de longitud, color oscuro con dos franjas laterales más claras y abundantes pelos recubriéndolas por completo. Esta fase dura aproximadamente 1 mes y en ella Thaumetopoea desarrolla “dardos urticantes” y construye unos bolsones de seda que serán los nidos definitivos de la colonia.

-Cuarta y quinta fases larvarias: son fases en las que la oruga no sufre grandes cambios externos, crece y tiene cada vez más pelos. Pasan el invierno alimentándose y pueden llegar a despojar por completo al pino de sus acículas en cuyo caso se trasladan a otro árbol.

A medida que va cediendo el frío y la temperatura ambiente comienza a rondar los 20º C las larvas maduras se preparan para dar el último paso en su desarrollo, bajan al suelo todas juntas “en procesión” y se entierran; cada una teje un capullo de seda que le servirá para convertirse en crisálida.

Crisálida: son capullos castaño-rojizos de unos 2 cm dentro de los cuales las larvas permanecen en una especie de letargo más o menos largo dependiendo de las condiciones climáticas. Pueden llegar a pasar hasta 4 años en ese estado pero normalmente en unos meses emergen las mariposas adultas.

¿POR QUÉ SE LLAMA “PROCESIONARIA”?

Como ya se ha mencionado Thaumetopoea pityocampa tiene un comportamiento gregario, vive en colonias y se mueve en grupos. Es precisamente su curiosa manera de desplazarse lo que le dio nombre, ya que siempre van en fila india, unas detrás de otras formando una larga procesión que sigue a la primera oruga allí donde vaya. Cualquiera que en su infancia haya frecuentado pinares recordará como al “romper la procesión” con un palito las orugas se desorientan y alborotan moviéndose en todas direcciones hasta que logran recuperar la formación y seguir su camino.

¿QUÉ DAÑOS CAUSA?

Evidentemente el daño principal que provoca este insecto es la defoliación de los pinos, es decir, la pérdida de las hojas, todas las fases larvarias se alimentan de acículas, las larvas más pequeñas de los brotes tiernos y las demás de cualquier parte verde. Los daños pueden ir desde árboles salpicados de manchas amarillentas semi-secas hasta la caída completa de las acículas. Salvo en casos de colonización masiva la procesionaria no suele matar al árbol pero sí lo debilita mucho facilitando que sufra enfermedades y ataques de otros enemigos.

Pero hay otro daño que las orugas no ejercen sobre los pinos, sino sobre las personas y que se debe al mecanismo de defensa que tienen para evitar que los pájaros y otros depredadores se las coman; son los pelos urticantes que desarrollan durante la tercera fase larvaria. Cuando estos pelos entran en contacto con la piel producen picor, enrojecimiento, inflamación, incluso pueden llegar a provocar urticaria y una reacción alérgica más o menos fuerte según la sensibilidad del individuo al veneno.

¿CÓMO SE CONTROLA?

Existen diversos métodos para controlar esta plaga y con frecuencia se utilizan varios a la vez. Con frecuencia se recurre a la destrucción de los bolsones por medios físicos o químicos , se cortan los nidos y después se queman pudiendo utilizarse escopetas para los más inaccesibles, o bien se pulverizan con insecticidas adecuados, los más efectivos son los piretroides. En parques y jardines se utiliza sobre todo la nebulización y pulverización con insecticidas para mantener controladas las posibles colonias, dado que son zonas muy frecuentadas por público en general y por muchos niños se intentan evitar así los riesgos de alergias.

En las zonas boscosas las trampas de feromonas resultan efectivas, consisten en trampas impregnadas de la feromona sexual de las hembras de la procesionaria, los machos la detectan por el olfato y son capturados masivamente. En general los tratamientos químicos masivos y el empleo de enemigos naturales (parásitos y depredadores) aplicados en los tres primeros estadíos larvarios son muy eficaces. 
 

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