UNA VISITA A LOS JARDINES DE LA UNIVERSIDAD
Los jardines de la Universidad
El saber y la serenidad necesaria para adquirirlo, son los dos aspectos que determinan la personalidad de este jardín. Situado en el corazón del distrito del Eixample, viste un gran semicírculo verde en torno al edificio histórico de la Universidad de Barcelona.
Entrar en los jardines de la Universidad es adentrarse en un mundo de silencio, de calma y de recogimiento. La luz penetra tamizada a través de la vegetación, francamente frondosa, y entre las ochenta especies con que cuenta el jardín se encuentran algunos de los árboles más antiguos de la ciudad.
Cuando se abrió al público en el año 1995, los jardines se dedicaron al historiador Ferran Soldevila. Con ellos, la ciudad ganó, además de una zona verde, un lugar donde se respira el espíritu analítico de las matemáticas y la belleza de la filología, que son las dos facultades que hay en el edificio de la plaza de la Universidad, junto con el Rectorado de la Universidad de Barcelona.
Entrar por la puerta grande
Aunque, de hecho, la puerta principal del edificio es un acceso más propio de la Universidad que de los visitantes, lo cierto es que una vez se ha atravesado el grande y majestuoso vestíbulo, al salir al jardín encontramos una de sus perspectivas más encantadoras.
Dos grandes jarrones de barro, llenos de elegantísimas hojas de salón, custodiaban una suave escalinata sombreada por pitósporos, tan altos que parecen árboles. En el rellano que hay arriba, una balsa rectangular se alimenta del agua que baja por un canalón que nace en un estanque diminuto, circular y con un pequeño manantial, situado un poco más arriba. Un encanto medio escondido entre la vegetación.
La fauna
Dentro del agua, las ranas, protegidas por las plantas acuáticas y compartiendo casa con unos cuantos peces, se escuchan, y bastante. A ambos lados, los parterres llenos de hiedra, helechos y flores de temporada nos acompañan hasta la parte más alta de los jardines. Por el camino, grandes árboles nos recuerdan el origen centenario de muchas de las plantaciones.
Aparte de los peces y las ranas, en estos jardines disfrutaremos de la compañía de los numerosos pájaros que se abrigan aquí huyendo del ruido de un lugar tan céntrico como la plaza de la Universitat. De vez en cuando, algún gato nos mirará indiferente mientras toma el sol, o pasará por nuestro lado sin hacernos mucho caso. Y es que este es un lugar donde todo el mundo está tranquilo.
Los espacios de reposo
Cuando llegamos arriba del todo de las escaleras, el jardín se extiende hacia los dos lados y queda cerrado, al fondo, por una reja alta que lo separa del exterior. En medio, está la puerta de acceso por la calle de la Diputació, que se abre los fines de semana y los días festivos, cuando la universidad está cerrada.
Tanto si escogemos ir en dirección a la calle de Aribau -hacia la izquierda- como si nos dirigimos hacia la parte que comunica con la calle de Balmes -hacia la derecha- por todas partes encontraremos bancos de hierro forjado donde podremos sentarnos y descansar o leer plácidamente bajo la sombra de las copas protectoras de los árboles que, de vez en cuando, ceden pequeños espacios para que se instale el sol.
Disfrutar de la vegetación
Los jardines de la Universidad destacan, especialmente, por su importancia botánica. Hay especies exóticas como el ombú, el único árbol que crece en la pampa argentina y bajo el cual descansan grupos de árboles; la yuca, con numerosos grupos de ejemplares que pertenecen a las primeras plantaciones de finales del siglo XIX; el tejo; el cedro del Himalaya y el alcanforero. También hay especies tan mediterráneas como la encina, el ciprés, el algarrobo, el olivo, el naranjo amargo, la higuera y el pino piñonero.
Las palmeras, los ginkgo, las acacias de tres pinchos, los aligustres y las jacarandas también forman parte de la vegetación de estos jardines, donde hay arbustos de grandes dimensiones, como el boj baleárico que hay cerca del acceso por la calle de Aribau. En cuanto al estanque, donde está la placa que dedica los jardines a Ferran Soldevila, lucen las hortensias de invierno.
Los patios
Son dos piezas de jardinería clásica que nos permiten conocer como eran estos espacios a finales del siglo XIX. A ambos lados del acceso a la puerta principal, a la derecha, encontramos el patio de ciencias y a la izquierda el de letras, conectados por un pasadizo.
Los patios son un espacio recogido, similar a los claustros monásticos, y a su alrededor se levantan los edificios de las facultades. En el centro, un estanque, y en los cuatro lados, bancos de piedra y amplios alcorques recubiertos de una hiedra ufana donde crecen árboles de grandes dimensiones. En el patio de letras, naranjos amargos cerca de la balsa, un par de cipreses y, en el fondo, un ficus de Bengala gigantesco.
En el patio de ciencias, magnolias, cipreses y otro ficus de grandes dimensiones.
Sabías que...
La vegetación de los jardines de la Universidad de Barcelona está estrechamente ligada a los primeros jardines botánicos que tuvo la ciudad, ya que contiene un número notable de los ejemplares que se plantaron.
En el año 1784, se creó cerca de la calle de la Cera, en unos terrenos cedidos por Antoni de Meca y Cardona, marqués de Ciutadilla, un jardín botánico vinculado al Real Colegio de Cirugía, con el objetivo de facilitar la enseñanza de la botánica. Entre 1830 y 1846, el Real Colegio de Farmacia de Sant Victorià también tuvo un pequeño jardín botánico, situado en la calle de Escudellers.
Cuando Barcelona recuperó la Universidad en el año 1842 -había sido trasladada en 1717 a Cervera por Felip V después de la Guerra de Sucesión-se instaló provisionalmente en el desamortizado convento del Carme hasta el último tercio del siglo XIX. Durante estos años, el huerto del antiguo convento fue convertido en jardín botánico y destinado a la enseñanza de ciencias y farmacia.
En el año 1859 se inició la construcción del actual edificio de la plaza de la Universidad, que fue inaugurado en 1871 y proyectado -tanto el edificio como los jardines- por Elies Rogent. Muchos de los ejemplares del antiguo jardín botánico del marqués de Ciutadilla fueron trasplantados al jardín de la nueva sede de la Universidad de Barcelona, por lo cual son el único vestigio que todavía queda de las especies que contuvieron los primeros espacios de la ciudad dedicados al estudio de la botánica.
Extraido de:
Textos: Maria Rosa Salvadó