Como en muchas ocasiones, tras las obras de una casa, lo que los constructores llaman "jardín" realmente es una acumulación de tierras sobrantes. En este caso el jardín estaba formado por una "estupenda" escombrera en pendiente.
Ante el gusto del propietario por la jardinería más natural que le recordase que vivía en el campo, no en la ciudad, y poder sentirlo sin tener que salir de su jardín, encargó a un paisajista que le trajese el campo junto a su casa.
Óscar Domínguez, botánico y paisajista, vio en este reto algo más personal que laboral, ya que tendría que plasmar en un complicado espacio, una imagen siempre recordada de esos campos que recorría buscando especies distintas para el herbario en un trabajo de la facultad.
Los retos a los que se enfrentaron propietario y paisajista -porque el propietario siguió permanentemente las obras- estaban principalmente relacionados con la circunstancia de tratarse de una escombrera sobre un suelo rocoso. Era por tanto imposible perforar el terreno para las plantaciones. Esto impedía el colocar árboles grandes, hacer plantaciones masivas y escoger plantas con grandes necesidades hídricas.
Lo primero que se realizó fue una serie de terrazas con tierra preparada y sujetadas con piedras colocadas sin cemento. Este sería el único espacio disponible para las plantaciones. El resto del terreno se cubrió con geotextiles para evitar la aparición de hierbas y conservar la humedad del suelo. Estos geotextiles se cubrieron con dos tipos de gravillas para que el contraste resaltara las terrazas ya que, por su pendiente, desde la zona superior apenas se veía.
También existían desde el principio una serie de traviesas de ferrocarril usadas, ahora ya prohibidas, cuya creosota (producto químico utilizado para su conservación) junto a resinas de la madera impregnaba a todo aquel que las pisase. Se probó a cubrirlas con madera, pero finalmente se optó con colocar una alfombra de fibra de yute, que, aunque resulta algo llamativo, al cabo de los años todavía mantiene su estructura a pesar del sol y la lluvia.
Una vez colocado el sistema de riego por goteo subterráneo se procedió a la plantación de lavandas (Lavandula vera), cantuesos (Lavandula stoechas), tomillos (Thymus vulgaris y T. mastichina), romero (Rosmarinus officinalis), varias especies de jaras (Cistus albidus, C.ladanifer y C. salvifolius), jara amarilla (Halimium atripicifolium), artemisas (Artemisa arborescens), santolinas (Santolina chamaecyparissus), madroños (Arbutus unedo) y majuelos (Crataegus monogyna).
Los árboles sólo se pudieron plantar aquellos cuyo cepellón no superaba los treinta centímetros. Por eso el tamaño era pequeño pero los crecimientos han sido espectaculares. Hay plantados una unidad de las siguientes especies.
Cedro (Cedrus libani), higuera (Ficus carica), olivo (Olea europaea), alcornoque (Quercus suber), encina (Quercus ilex), taray (Tamarix gallica), morera (Morus alba), melojo (Quercus pyrenaica), pinos piñoneros (Pinus pinea) y un eucalipto (Eucaliptus sp.). No cabe duda que dentro de unos años el aspecto de campo que tiene ahora se convertirá con tantos árboles en casi una arboleda.
Curiosamente, a pesar del geotextil aparecieron algunas especies silvestres interesantes como margaritas, amapolas y viboreras, además de algunas crucíferas amarillas cercanas a los jaramagos. Desde el primer año se favorece el crecimiento y desarrollo de éstas y se retiran otras más invasoras. El resultado ha sido que cada primavera el jardín se llena de flores tanto por las plantadas como por las que ha llegado y establecido en este jardín como si del mismo campo se tratara. Más aún, es el campo más cercano a la vivienda que existe ya que las urbanizaciones han ido invadiendo las zonas verdes cercanas y han convertido los campos en jardines. Justo lo contrario que aquí que se ha convertido un jardín en campo.