Tradicionalmente, el jardín siempre se consideró como un espacio cerrado en el que crear una fantasía exótica, muy alejada de lo que realmente ocurría más allá de sus límites (y sostenida mediante un trabajo constate de cultivo, riego y fumigación).
¿Es necesario que el jardinero tenga que “luchar” contra la naturaleza de este modo?
Yo creo que no, ya que existe un nuevo enfoque por el que podemos decantarnos. En lugar de basar nuestros valores estéticos únicamente en el color y el artificio, podemos redescubrir la elegancia natural de nuestras plantas autóctonas; podemos aceptar que nuestros jardines deberían formar parte del entorno, con su propio clima, suelo, flora, fauna y tradiciones culturales, y diseñarlos teniendo en cuenta todos estos elementos. Si podemos celebrar de esta manera los diferentes aspectos positivos de nuestro campo, no seguiremos destruyendo su identidad regional única.
La esencia de la jardinería natural consiste en trabajar con la naturaleza en lugar de intentar dominarla o cambiarla. Por tanto, debes tener toda información posible sobre las condiciones de tu jardín (clima, latitud, tipo de suelo…) y sobre los tipos de plantas que crecerían en él si se dejase a su libre albedrío.
Para el jardinero natural el reto consiste en explotar lo que ocurre de forma espontánea (sacar provecho de las condiciones del lugar) al mismo tiempo que se domina para crear un jardín agradable, estético y bien diseñado.
También se puede aprender mucho observando el paisaje próximo: habrá elementos naturales especiales, perfiles de tierra, estilos y materiales típicos. Así como plantas nativas. La imitación de las características del entorno te ayudará a crear un jardín de aspecto natural y en equilibrio con su medio.