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PLANTAR UN ÁRBOL, ESCRIBIR UN LIBRO Y...

Siempre me quedé pensando en esa frase que dice “Plantar un árbol, escribir un libro, tener un hijo”, hasta que finalmente entendí.

Bromas aparte, ¿qué tienen en común el hijo, el libro y el árbol? Son cosas que permanecen después de nuestro paso por la vida y en las que podemos dejar una parte de nosotros mismos, de nuestras ilusiones e identidad.

La primera, más o menos difícil según la situación de cada uno, parte de que se necesita otra persona para que sea candidata. A + B = C.
La segunda, bien es cierto que cualquiera no está dotado de las cualidades necesarias para escribir. Además, eso de la publicación parece estar muy difícil.
Por último, plantar un árbol, no es tarea sencilla, pero de momento no tiene por qué ser cosa de dos. Puede hacerse individual o colectivamente, con tu familia, amigos, vecinos… Yo, ya he plantado un árbol, planté un limonero nacido de la semilla de un limón que introduje en una maceta, hasta que las heladas pudieron con él.

No obstante, entre las tres opciones anteriores se intuye más sencilla la de comenzar plantando un árbol, que para esto no hay límite de edad, género o número, ni es necesario ser un destacado intelectual.
Además, sabiendo que los árboles retiran el CO2 de la atmósfera, estaremos ayudando a frenar el calentamiento global del planeta. ¿Os animáis?

Aquí tenéis un decálogo para ser unos buenos plantadores de bosques:

La primera premisa es hacer una siembra o plantación al año, siempre con especies propias de la zona.

¿Dónde haremos las siembras o plantaciones de árboles?

En terrenos comunales o de Ayuntamientos, que en definitiva al ser públicos son también de todos. Aunque el terreno sea público, hay que solicitar permiso y averiguar qué uso tiene.

En bordes de carreteras y en carreteras cortadas o abandonadas. Repoblando aquí, se evita que con las primeras lluvias fuertes los terraplenes se vengan abajo y así no peligre la vida de los que usan estas vías.

Si la pendiente es muy acusada, es mejor plantar herbáceas o arbustos pequeños para sujetar el terreno. Árboles no, porque cuando crezcan hay riesgo de que caigan a la calzada.
Lo suyo sería que esto lo hicieran las empresas constructoras, ya que el gastarse dos, tres, cinco o diez millones más en un presupuesto de miles de millones, no les supondría casi nada.

En los bordes de caminos o entre parcelas y fincas. Muchos agricultores han destruido árboles para ensanchar caminos y así poder pasar con sus tractores. Luego pasa que durante las jornadas de verano, los labradores no tienen un mísero árbol donde poder descansar y tomar el fresco.

Muchas veces antes de realizar la plantación es necesaria una pequeña campaña para explicar la importancia que ésta va a tener (así evitamos que no se opongan las mentes más cerradas y respeten los árboles que vayan creciendo.)

En los márgenes de los ríos, arroyos y canales. Parece mentira, pero lo normal sería poder adivinar desde lejos la existencia de un curso de agua, simplemente por la presencia de vegetación característica. Aparte de su valor estético, esta vegetación sujeta la tierra de las orillas y amortigua la velocidad del agua en las crecidas.

En jardines de casas o patios de colegios.

En los parques públicos de la periferia de las grandes ciudades. La mayoría de estos parques están muy dejados por la desidia de los responsables municipales. Además, en ellos los animales buscan refugio, con lo que si se plantasen especies autóctonas que dan frutos, se atraería a más especies y se podría disfrutar de la naturaleza cerca de casa.

En los "sembrados" de pinos, para crear más diversidad: bosques "mixtos".

En laderas erosionadas, ya que muchas de ellas están cerca de núcleos urbanos y, cuando llueve a cántaros, puede haber inundaciones y arrastres de piedras, con posibles desgracias personales (con nuestra acción estaremos contribuyendo a evitarlas.)

 

Bien, plantado el árbol, ¿ahora qué?
Pues a seguir con la tríada, ya sólo quedan dos: el libro y el bebé… ¡Suerte!

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