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LA CAÍDA DE LAS HOJAS

¿Por qué desprenderse de las hojas?

A lo largo de la evolución el clima de la Tierra ha sufrido cambios periódicos, alternándose las épocas cálidas con las frías; el origen y evolución de las angiospermas (plantas con flores) se dio en regiones altas de los trópicos durante un periodo climático relativamente templado.
 
Posteriormente, cuando el ambiente se hizo más frío, el agua dejó de estar disponible en muchas zonas por hallarse en forma de hielo y las consecuencias para dichas plantas fueron varias:

-Algunas se extinguieron.

-Otras sufrieron un retroceso en su distribución quedando circunscritas a la franja ecuatorial.
 
-Aquellas que habían desarrollado adaptaciones a la sequía, como la capacidad de permanecer en estado latente, lograron sobrevivir.

Dependiendo de esta capacidad de latencia las plantas se clasifican en anuales, bianuales y perennes:

1) Plantas anuales:
 
Son aquellas cuyo ciclo vital completo se desarrolla dentro de una única estación de crecimiento. En un mismo año las semillas germinan, se forman todas las partes vegetativas de la planta (raíz, tallos y hojas), se produce la floración y formación de nuevas semillas y la planta muere. En este caso las semillas son altamente resistentes al frío y la desecación.

2) Plantas bianuales:
 
Son aquellas que precisan dos estaciones de crecimiento para completar su ciclo vital, que se da en dos fases; tras la germinación se forman un tallo corto, una roseta de hojas próximas al suelo y una raíz normalmente modificada para almacenar alimento (ej.: zanahoria), al llegar el frío el desarrollo se detiene y la planta pasa el invierno en estado de latencia.

Una vez pasado el frío moviliza las reservas almacenadas, florece, fructifica y forma nuevas semillas; después muere.

3) Plantas perennes:

Son aquellas cuyas estructuras vegetativas persisten desde la germinación año tras año.

Un ejemplo que demuestra la perennidad por excelencia es la Welwitschia.
 
Las anuales y bianuales son siempre herbáceas mientras que las perennes son en su mayoría leñosas y van aumentando su altura en cada estación de crecimiento, pero solo florecen cuando completan su desarrollo adulto.
 
Como se ve, en los climas con diferencias estacionales marcadas las plantas anuales preparan sus semillas para resistir el frío y las bianuales solo desarrollan las mínimas estructuras para pasar el invierno; las perennes leñosas en cambio, al crecer de forma continuada necesitan estrategias para soportar las bajas temperaturas.

La mayoría de las gimnospermas (plantas sin flores) como el pino o el ciprés, apenas sufren cambios en su aspecto, reducen al máximo sus funciones vitales pero siempre tienen hojas verdes cubriendo sus ramas, es lo que se conoce como árboles o plantas "de hoja perenne".

Por el contrario la mayoría de las plantas con flores (Angiospermas), pierden las hojas con la llegada del invierno como respuesta a la drástica reducción del agua disponible, se dice que son plantas "de hoja caduca".

Senescencia y abscisión, secuencia de la caída

Lo primero que se aprecia a simple vista cuando una hoja entra en el proceso de caída, es que paulatinamente va perdiendo su color verde hasta volverse amarilla, marrón, parda o incluso rojiza; después simplemente cae al suelo y se seca.
 
El cambio de color se debe a la degradación de la clorofila, que al dejar de estar activas permiten que se manifieste el color del ; la caída propiamente dicha o caroteno se debe a la acción de un gas, el etileno.
 
En la base del pecíolo foliar hay una zona llamada de abscisión, compuesta por una capa celular débil o capa de abscisión por la que se produce el desprendimiento y otra capa celular de cicatrización.

Cuando empieza la abcisión de la hoja, ya sea por envejecimiento o por renovación anual, la capa de abcisión produce etileno (hormona vegetal gaseosa) que estimula la síntesis de senescencia y esta enzima desintegra la pared de las células vegetales.

La hoja cae y sobre el tallo queda la capa de cicatrización que cubre la herida dejando una marca dónde estaba el pecíolo.
 
Este proceso se repite año tras año en un ciclo estacional que culmina al llegar la primavera, con el surgimiento de los nuevos brotes y hojas verdes que cubren de color las ramas.

Otra adaptación curiosa entre perenne y caduca
 
Existe una curiosa excepción a medio camino entre la "hoja caduca" y la "hoja perenne", son las plantas de "hoja marcescente", como por ejemplo los robles (Quercus sp.); en este caso al llegar el otoño las hojas entran en fase de senescencia con normalidad pasando a ser de color marrón pero no se produce la abscisión, la hoja no cae, permanece en la rama sobre la que se seca, dando al árbol aspecto de estar enfermo o de haberse secado completo.

El árbol pasa todo el invierno cubierto con sus propias hojas secas que solo se van cayendo al llegar la primavera a medida que van brotando las nuevas. Se cree que la marcescencia responde a una adaptación al frío, como mecanismo para proteger las yemas contra las heladas.

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