La cochinilla del evónimo (
Unaspis evonymi), se caracteriza por poseer un escudete o caparazón coriáceo protector, característico en el tamaño, forma y color.
Se detectan por unas costras de color que aparecen en las hojas, ramas, frutos y tronco, siendo estrechas y blancas si son machos (que tienen muy poca vida) o anchas y pardas en el caso de ser las hembras.

Las cochinillas son pequeños insectos chupadores y se agrupan en colonias. Tienen dos formas de hacer daño a la planta: forma directa y forma indirecta.
La forma directa es la propia al clavar el aparato bucal en el evonimo para alimentarse y así se producen pequeñas punteaduras que indican el sitio de donde se alimentan, a la vez que se pueden producir deformaciones y decoloraciones en las hojas por poseer una saliva con efectos tóxicos.
Los efectos indirectos se deben a la secreción y expulsión de melaza (aunque en esta cochinilla no es especialmente abundante) que sirve de punto de colonización por hongos, formando la fumagina o negrilla, que es la que de verdad produce el daño de modo indirecto, al ser la melaza un producto pegajoso y la negrilla forma punteaduras de color negro que deprecian el valor estético del evónimo.
Por otra parte este daño indirecto se convierte en directo al no permitir la llegada de la luz solar a la parte afectada, con lo que si es en una hoja se reduce la capacidad de hacer fotosíntesis.
A la cochinilla la podemos detectar por diversos aspectos: su visión, por la deformación o decoloración de las hojas, por la presencia de hojas brillantes y pegajosas debidas a la melaza (no es muy llamativo, a menos que las cochinillas presentes sean muy numerosas).
Estas cochinillas suelen afectar con mayor virulencia a partir del quinto año de vida del evónimo, dependiendo de la sensibilidad de la planta y del grado de infestación.
En las condiciones climáticas usuales de España vienen a darse unas 3 generaciones al año.
Los principales métodos de control de la cochinilla del evónimo son los siguientes, teniendo en cuenta la dificultad que tiene en sí tratar una cochinilla:
- Tratamientos ecológicos: la solución más sencilla es el lavado con jabón o lavavajillas y una cucharada de alcohol de quemar en un litro de agua. Untar los insectos y rociar bien la planta por todas partes.
- Tratamientos químicos con insecticidas anticochinilla de tipo piretrina y azufre de actuación sistémica, así como Acefato, Diazinón, Clorpirifos y Oxamilo. Se deben tratar cada dos semanas desde que las condiciones climáticas hacen propicias su multiplicación y siempre buscando tratar a las formas juveniles, ya que las adultas están muy protegidas con la coraza. Al hongo no hace falta tratarlo, porque el tratamiento a la cochinilla le afecta directamente.
- No esquejar: Al ser una plaga de tratamiento dificultoso por su protección, no es recomendable esquejar plantas sospechosas de estar infectadas, e incluso habría que eliminar la plante madre.
- De forma natural la cochinilla del evónimo se encuentra controlada por depredadores naturales en pruebas en China y Norteamérica y por extractos brutos de plantas como el torvisco y el hediondo, que además controlan el hongo, por lo que representa de lucha biológica.