Fecha de Redacción 17.10.2007
De hoja perenne: aquellas que mantienen hojas verdes durante todo el año independientemente de la temperatura ambiente.
De hoja caduca: aquellas que pierden la hoja progresivamente según se va acercando la estación fría y pasan el invierno con sus ramas desnudas.
De hoja marcescente: aquellas que mantienen las hojas secas en las ramas durante el invierno y no las pierden hasta la siguiente primavera cuando brotan las nuevas.
Pero si nos atenemos a su significado, la palabra "perenne" quiere decir algo que dura siempre y según esto las coníferas, como el pino o el abeto, tendrían las mismas hojas "siempre".
Evidentemente no es así, sus hojas son de vida larga, dependiendo de la especie pueden durar de 2 a 6 años, pero se van renovando periódicamente.
Es un proceso que podría compararse con la renovación del pelo en los mamíferos y los humanos.
Los perros, los gatos, las personas, siempre tienen pelo pero no siempre es el mismo, cada pelo tiene un ciclo y cuando finaliza se cae, incluso cada 2 ó 3 años se produce una renovación completa con una caída mucho más abundante.
Sin embargo existe una planta en la que la palabra "perenne" adquiere un sentido completamente real, ya que mantiene las mismas hojas desde su nacimiento hasta su muerte.
Se trata de la Welwitschia mirabilis, natural del desierto de Namibia, es de gran tamaño y puede llegar a vivir más de 600 años.
Tras la germinación se forman los cotiledones y un par de hojas anchas muy próximas al suelo que van creciendo cada año desde su base y nunca se caen.
Los productos de desecho se van acumulando en los extremos de ambas hojas lo que la convierten en una planta muy tóxica debido a la alta concentración de metabolitos.
La mayoría de las plantas los eliminan tirando la hoja completa pero en este caso los extremos se van descomponiendo progresivamente mientras cada una sigue creciendo basalmente de forma continua.