Aunque en el huerto biológico hagamos buenas asociaciones de cultivos y utilicemos plantas que fijen el nitrógeno al suelo, por ser éste un sistema en donde se extrae continuamente biomasa, debemos de vez en cuando compensar esas salidas con aportes de abono orgánico.
En la naturaleza, donde no hay intervención humana, las plantas se retroalimentan con sus propios desechos vegetales que son descompuestos por infinidad de microorganismos generando así una capa de compuestos orgánicos, sin necesidad de aportes externos. No tenemos más que observar un bosque cuyo suelo está cubierto de una rica capa de humus procedente de los restos animales y sobre todo vegetales que tras caer a la tierra comienzan a descomponerse gracias a la acción de los microorganismos.
Este sistema cerrado de retroalimentación no sucede en las tierras de cultivo ya que se extrae materia vegetal para exportar a otros sistemas y no se devuelve a la tierra. Esto significa que si queremos mantener la fertilidad de la tierra debemos aportar periódicamente cantidades de materia orgánica y de nutrientes.
SUELO VIVO
Estos complementos son necesarios para estimular el desarrollo vegetal y alimentar a la microflora y microfauna de bacterias y hongos, lombrices, etc del suelo que son los encargados de que los compuestos orgánicos y minerales sean asimilables por las raíces. Para comprender la dimensión de estás fábricas de fertilidad valga este ejemplo: sólo en un gramo de estiércol en descomposición hay hasta 10.000 millones de microbios, más que seres humanos en el planeta.
Por tanto, es un error pensar que abonar un campo consiste tan sólo en restituir al suelo las cantidades de nitrógeno, fósforo o potasio, (que son los macroelementos que más utilizan las plantas cultivadas), sino que hay que estimular la vida bacteriana.
Además de los citados macroelementos, también necesita microelementos como: hierro, magnesio, azufre y los oligoelementos como: el boro, el manganeso, el cinc, el cobre, etc. Esto podemos conseguirlo con aporte regulares de materia orgánica y rotaciones de cultivos, volviéndo así nuestro bancal cada día más fértil.
No debemos olvidar que la vitalidad del suelo está en función de la vida que alberga más que en la cantidad de minerales que contiene y esto lo podemos conseguir aportando el humus, donde las lombrices son también de estimable ayuda.
CREAR LAS CONDICIONES
Otro factor importante son las micorrizas para el buen desarrollo vegetal. Son hongos que viven en las raíces de cada planta y se encargan de incorporar minerales y otras sustancias de la tierra a los vegetales.
Como hemos dicho, el abonado sirve para mejorar o mantener el desarrollo vegetal y la productividad del sistema agrícola, equilibrando el balance entre las exportaciones (lo que sale del huerto) las importaciones (lo que entra en él). Pero no podemos considerarlo como una realidad separada del conjunto de la vida vegetal y tendremos que crear las condiciones idóneas para la creación de un humus estable y para que las plantas se desarrollen en un medio favorable.
En este sentido hay que considerar las condiciones climáticas (temperaturas muy bajas, por ejemplo, no permiten crecer a las plantas por muy alimentadas que estén); la forma de trabajar la tierra; la disponibilidad de agua; incluso las energías telúricas del lugar.
Evitaremos en nuestro huerto biológico los abonos químicos-sintéticos que estimulan a crecer rápido a las plantas, pero por otro lado las debilitan y las hacen vulnerables a ataques de parásitos o enfermedades. Además sus frutos o partes comestibles son más insípidas, menos nutritivas y se pudren con facilidad, sin olvidar que contaminan también las aguas superficiales y las subterráneas.
TIPOS DE ABONOS
Existen varias tipologías de abonos, que próximamente analizarmos con detenimiento. En la horticultura biológica son los siguientes:
-Compost: Es materia orgánica en descomposición más o menos avanzada, que se elabora habitualmente componiendo unos montones que pueden tener formas y dimensiones diversas. El compost suele catalogarse en 3 categorías: compost poco descompuesto o verde (con pocas semanas de fermentación); compost descompuesto (entre dos y cuatro meses) compost muy descompuesto o maduro, tambien denominado mantillo que es fruto de una prolongada fermentación de uno o dos años. Se trata del mejor reconstituyente del suelo.
-Abono verde: Se trata de abonar la tierra con ayuda de plantas cultivadas para tal fin y que una vez desarrolladas al máximo, son trituradas e incorporadas al suelo al que aportan sobre todo nitrógeno.
-Purines: Fermentación de plantas ricas en nutrienes en una disolución de agua durante un tiempo determinado. Se utilizan mucho la consuelda y la ortiga.
-Estiércol: Se trata de un abono compuesto por los excrementos de los animales domésticos (vaca, cabra, oveja, conejo, caballos).
-Enmiendas orgánicas: Son de origen animal o vegetal y se utilizan para corregir carencias específicas en la tierra (polvo de sangre o cuernos, algas marinas, cenizas).
- Enmiendas minerales: Igual que las orgánicas salvo que estas derivan de minerales obtenidos en la naturaleza, rocas silíceas, calcáreas, fosfatos ,magnesio y potasio.
Más información: El Huerto Familiar Ecológico. www.mariano-bueno.com. RBA-Integral. Barcelona, 1999.