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UN VERGEL A NUESTRO ALCANCE

Reservar un espacio en el huerto familiar para los frutales es una saludable tentación para los sentidos y el paladar. Crear un vergel o un bosque comestible es posible si disponemos de un espacio suficientemente amplio como para plantar una docena de árboles y arbustos.

Cultivar frutales cuando disponemos de 30 o 50 m2 de terreno con el tiempo nos impedirá el cultivo de hortalizas ya que sombrearán todo el espacio. Sin embargo, a partir de los 100 m2 podemos plantearnos reservar ciertos lugares para el vergel, o sea los frutales. Para aprovechar al máximo el espacio hemos de elegir árboles de poca envergadura como perales, ciruelos, naranjos o membrillos. Junto a las vallas o paredes podemos plantar perales, manzanos o parras en espaldera y en la medida de lo posible, para dejar espacio al huerto, pondremos el resto de frutales en las lindes. Otra posibilidad, sobre todo si tenemos poco tiempo para dedicar al huerto, es sustituirlo al completo por un plantío de árboles de distintas variedades para tener fruta variada durante gran parte del año.

Problemas típicos

Los frutales por ser el resultado de continuas selecciones y del forzado por medio de podas constantes para obtener frutos jugosos, dulces y grandes, que originalmente eran duros, pequeños y amargos ha hecho que sean vegetales muy debilitados y que dependan extremadamente de los cuidados del agricultor. A esto se ha unido la desaparición de las variedades autóctonas rústicas y resistentes suplantadas por ejemplares estandarizados. De hecho, una manzana de cultivo comercial puede recibir de 15 a 30 tratamientos fitosanitarios y los monocultivos kilométricos de naranjas, manzanas o peras han influido mucho en la especialización de los patógenos.

Obtener fruta sana con estos puntos de partida no es fácil salvo en especies muy rústicas como la higuera, el membrillo o incluso cerezos, caquis y albaricoqueros tempranos. En contrapartida los más delicados son los melocotoneros, los manzanos y los perales.

Frente a los pájaros y el pulgón tenemos medios más o menos eficaces de combate, en cambio hay plagas muy dañinas como la mosca de la fruta, (la ceratitis) que a partir de los meses calurosos pone los huevos en la fruta dulce y madura, mientras que los manzanos y perales padecen la carpocapsa. Si se trata de frutales tratados con abonos nitrogenados sintéticos la vulnerabilidad a enfermedades y patógenos será mayor.

Selección de frutales

Si bien en nuestro país existen varios miles de variedades de manzanos, perales o melocotoneros y algunos cientos de naranjos y clementinos los viveros sólo nos proveen de entre 3 o 6 variedades distintas dependiendo de las especies. La estandarización de la producción y de los gustos del consumidor en aras de una mayor productividad, rentabilidad y facilidad de distribución está haciendo desaparecer la mayoría de las variedades autóctonas.

Es conveniente conocer el tipo de tierra y las condiciones climáticas y microclimáticas de nuestro huerto de cara a la elección de las variedades de los frutales o de sus pies y portainjertos más adecuados. En la medida de lo posible elegiremos variedades poco exóticas de frutales, sino que estén adaptadas al clima del lugar, con pies o portainjertos que toleren bien la acidez o alcalinidad del suelo y sean resistentes a los problemas más habituales, incluida la sequía o el exceso de humedad. Si se puede es interesante evitar que los árboles más sensibles a las alteraciones telúricas y a las corrientes de agua subterráneas no se planten sobre cruces de líneas Haartmann.

¿Plantar o sembrar?

Podemos optar por la plantación de árboles ya desarrollados de 2 o 3 años e injertados o por la siembra directa de las semillas de los portainjertos que, tras su selección, injertaremos sin trasplantar ni tener que dañar las raíces. Esto último supone retrasar 5 o 6 años la recogida de frutos frente a los 2 o 3 años de espera para los trasplantados.

Pero si tenemos el don de la paciencia la siembra directa nos aportará las garantías de seleccionar plantas más sanas y vigorosas y mayores garantías de adaptabilidad y resistencia a los parásitos y a los reveses climáticos. Pero sobre todo, sus raíces habrán arraigado con firmeza, sin haber sido mutiladas, lo cual garantiza más probabilidades de tener un árbol sano y longevo.

Plantación del árbol

Es preferible no elegir los árboles más grandes y desarrollados. Evitaremos los que se venden con frutos y preferiremos los rústicos, que presenten formas armónicas con evidente vitalidad y con las raíces envueltas en cepellón o, si son de raíz descubierta, de aspecto sano y abundantes raicillas. La corteza no debe presentar daños y las ramas han de ser fuertes. Cuanto más joven es un árbol que se va a trasplantar más probabilidades tiene de alcanzar un buen arraigo y un adecuado desarrollo posterior. Observaremos siempre que la zona del injerto esté bien cicatrizada y no presente grietas ni abultamiento extraños.

Los pasos de la plantación son los siguientes:

1. Cavaremos un hoyo con un diámetro y una profundidad que sean el doble o el triple del diámetro de las raíces del árbol que se va a trasplantar. La tierra extraída se separa en dos partes: por un lado, la capa superficial, y por otro, la tierra del subsuelo. En tierras secas y áridas el hoyo se hará más profundo y será superficial en las húmedas.

2. En las zonas áridas y en suelos sueltos tal vez convenga depositar en el fondo del hoyo una capa de mantillo muy descompuesto que haga de esponja para la humedad. En cambio, en los terrenos húmedos y compactos habrá que colocar una capa de grava o cantos rodados en el fondo para facilitar el drenaje de agua y evitar la asfixia de las raíces.

3. Mezclaremos algo de con la capa de tierra del subsuelo y depositaremos la mezcla sobre el compost o la grava.

4. Tras recortar las raíces que presenten daños visibles colocaremos el árbol apoyando sus raíces sobre la tierra del fondo y vigilando su verticalidad. Es importante que la zona injertada quede unos centímetros por encima del nivel del suelo. Conviene además respetar la polaridad y la orientación magnética de desarrollo del árbol en el vivero.

5. Se termina de rellenar el hoyo con la tierra superficial, a la que habremos añadido 1/3 de compost bien descompuesto. Apretamos la tierra y regaremos inmediatamente después.

6. En las zonas secas conviene dejar desde el principio una ligera depresión para recibir los sucesivos riegos y recoger mejor el agua de lluvia. Al cabo de uno o dos años podemos rellenar la depresión con tierra mezclada con compost, dejando el terreno nivelado.

7. En las zonas de fuertes vientos o temporales conviene asentarlo con un tutor que no lo oprima.

8. Al terminar la operación es aconsejable realizar un acolchado de materia orgánica seca (paja, pinocha, broza, hojas de consuelda) alrededor del árbol.

9. Paciencia, buenos cuidados y ¡buen provecho de la buena fruta!

 -Más información: El huerto familiar ecológico. Mariano Bueno. RBA. Barcelona, 2000.

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