LA MULTIPLICACIÓN DE LAS PLANTAS

1.- Introducción.
2.- Herramientas y preparación del trabajo.
3.- Las condiciones ambientales.
4.-Multiplicación por semillas
5.-Multiplicación por esquejes.

INTRODUCCIÓN

La multiplicación de las plantas es el proceso mediante el cual, a partir de una planta madre, se consiguen nuevos ejemplares de la misma; esto puede hacerse utilizando varios métodos diferentes, la germinación de semillas o el enraizamiento de esquejes son dos de los más comunes pero no los únicos. El acodo, la división de mata, el injerto y algunas otras también se usan con frecuencia. Todos estos procedimientos se han ido desarrollando desde que el ser humano se hizo sedentario y comenzó a cultivar sus propios alimentos; de hecho, algunas de las técnicas de multiplicación vegetal empleadas en la antigüedad por civilizaciones como la babilónica o la china, se siguen aplicando hoy en día.

Aquí comienza una serie de artículos en los que iremos descubriendo paso a paso cómo llevar a cabo cada una de las técnicas mencionadas. Pero antes de ponernos manos a la obra con la multiplicación propiamente dicha, es imprescindible tener en cuenta algunas cuestiones previas; como por ejemplo la selección y preparación adecuada del material vegetal que se va a emplear, o el modo de conseguir las condiciones ambientales que sean más favorables para el proceso. Todo esto es necesario si se quiere completar con éxito el fascinante y casi mágico misterio de producir nuestras propias plantas.

· La selección de la planta madre con la que se va a trabajar, es un factor determinante que muchas veces se pasa por alto. Como mínimo debe cumplir dos condiciones, ser un ejemplar joven y estar sana. A medida que una planta va creciendo y tiene más años, va perdiendo poco a poco su capacidad de regeneración; las plantas jóvenes y los brotes nuevos de una planta madura, podrán echar raíces con mucha más facilidad que las de mayor edad o los tallos viejos.

· La preparación de la planta madre también es importante, se puede mejorar su capacidad de regeneración manteniéndola durante un tiempo en algún lugar más cálido de lo habitual y teniendo especial cuidado con el riego y el abonado.

· Conseguir las mejores condiciones que sea posible para la multiplicación, ayudará a acelerar el proceso. Se debe escoger la época del año que sea más adecuada para la regeneración.Y si se quiere evitar que la nueva planta enferme o muera antes de que esté bien asentada, deben utilizarse siempre herramientas cuidadosamente limpias.

Una vez que todo está preparado se pueden comenzar las tareas de germinación o enraizamiento necesarias para obtener un nuevo ejemplar. Por regla general se cree que lo más difícil es lograr que el material eche raíces, pero realmente esa es la cuestión más sencilla, ya que de forma natural la planta tiende a completar las partes que le faltan.

Lo verdaderamente delicado es pasar, de ese tallo con raíces o de ese plantón recién germinado, a tener un individuo sano e independiente capaz de crecer y desarrollarse por sí solo en su ambiente habitual.

Tal vez no lo consigamos a la primera, ni sobrevivan todos nuestros intentos, pero poco a poco nos iremos familiarizando con las labores básicas de la multiplicación vegetal y bastará con un poco de confianza e ilusión para llenar nuestra casa o jardín de plantas producidas por nosotros mismos.

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HERRAMIENTAS Y PREPARACIÓN DEL TRABAJO

Cuando se pretende obtener buenos resultados en la multiplicación de plantas, es importante tener un lugar de trabajo limpio, ordenado y con todo lo necesario para llevar a cabo las distintas tareas. Este lugar no tiene porqué ocupar mucho espacio ni requerir ninguna instalación especial, un rincón de la terraza o un cobertizo en el jardín se pueden acondicionar fácilmente con una mesa y unos ganchos y estantes en la pared. La mesa debe ser firme y de altura adecuada para evitar malas posturas y dolores de espalda o cuello mientras se trabaja; los ganchos y estantes nos permitirán tener siempre colocados y a mano todos los utensilios que nos hagan falta.

El equipo necesario no es muy difícil de conseguir, lo más básico se detalla en la siguiente lista: · Herramientas de corte: una o dos tijeras de podar, un cuchillo afilado, hojas de afeitar.

· Herramientas de riego: regadera y pulverizador de mano.

· Productos específicos: polvos de enraizamiento, fungicidas y plaguicidas.

· Recipientes: macetas y semilleros.

· Sustrato adecuado: tierra vegetal, vermiculita o mezcla de ambas.

· Material diverso: plantadores, lápiz, cuaderno y etiquetas, bolsas de plástico, trapos para limpiar, piedra de afilar, aceite lubricante.

Todos los elementos deberán estar colocados de manera que sean accesibles y por supuesto una vez utilizados se limpiarán bien, de manera que queden listos para un próximo uso.

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LAS CONDICIONES AMBIENTALES

El principal problema que suele surgir cuando se intenta multiplicar una planta, es que el material vegetal se estropee y muera antes de llegar a ser un individuo independiente. Si se ha escogido bien la planta madre y las tareas se realizan correctamente, el resultado dependerá directamente de las condiciones ambientales.

Lo más importante es que el proceso se complete lo antes posible, así se reducen las posibilidades de que aparezcan focos de infección o de que algo se pudra; y de la misma manera resulta fundamental evitar en la medida de lo posible cambios en las condiciones externas. La temperatura, la humedad, el grado de aireación y la iluminación, deben mantenerse lo más iguales que se pueda mientras dura la regeneración. Es evidente que el exterior no es el lugar ideal para controlar tantos factores a la vez, solo las plantas más resistentes son capaces de multiplicarse al aire libre; por ello todas las técnicas que iremos explicando se realizan utilizando diversas estructuras que protejan a las futuras plantitas de las variaciones climáticas.

Quizá lo primero que nos venga a la cabeza es la imagen de un invernadero, y lo segundo que no siempre se dispone de espacio y presupuesto para instalarlo. Es cierto, pero no hace falta construirse un vivero, hay soluciones a pequeña escala igualmente eficaces.

· Las campanas de polietileno son sencillas y baratas, proporcionan protección suficiente para las plantas de multiplicación fácil. Consisten en una capucha de polietileno que se levanta con unas cañas para mantenerla separada del sustrato. Se fijan por fuera a la maceta o bandeja con cinta elástica para que quede lo más hermético posible. Así la temperatura interior se eleva y se conserva la humedad.

· Las cajoneras o camas frías son muy útiles para plantas resistentes. Son de fabricación sencilla, consisten en una caja de cristal, madera u otro material duro con una tapa de cristal; no tiene fondo, ya que se coloca directamente sobre el suelo. Actúan aumentando la temperatura en su interior y manteniendo la humedad. Su mayor inconveniente es que en los días soleados acumulan demasiado calor, esto se puede compensar levantando la tapa, pero teniendo en cuenta que así se pierde humedad.

· Los germinadores suelen ser cajas abovedadas de fibra de vidrio, son ligeros y portátiles, por lo que pueden utilizarse dentro del invernadero o en casa. Tienen termostato y resistencia para mantener el calor dentro.

· Los invernaderos de pequeño tamaño son bastante eficaces, hay diversidad de modelos con estructura de madera o metálica e incluso los más mañosos pueden aventurarse a construir el suyo propio. En el caso de plantas poco resistentes y de interior, esta protección no basta; para ellas hay que instalar un cajón con tapa de cristal dentro del invernadero. Se diferencian de las camas frías en que no van directamente al suelo, tienen una resistencia en el fondo regulada por un termostato que mantiene la temperatura en el interior.

Todos estos son sistemas eficaces utilizados comunmente, lo que no quiere decir que debamos renunciar a nuestra propia iniciativa y creatividad. ¿Por qué no probar estructuras protectoras ideadas por nosotros mismos? A medida que vayamos adquiriendo práctica en las técnicas de multiplicación, podremos ir instalando cubiertas cada vez más efectivas y adaptadas a nuestras necesidades.

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MULTIPLICACIÓN POR SEMILLAS

La semilla es el medio habitual de reproducción que utilizan las plantas en la naturaleza y se forma dentro de la flor después de que la parte femenina de ésta sea fecundada por el polen.

Existe una gran diversidad de semillas en cuanto a su forma y tamaño, desde las que tienen alas para dispersarse con el viento, hasta las recubiertas de ganchos para “viajar” enganchadas en el pelo de los animales. Desde las más minúsculas que apenas alcanzan el milímetro de espesor, escondidas dentro de las pequeñas flores en las que maduran, hasta las más grandes, normalmente protegidas dentro de un fruto bien desarrollado. Todas ellas tienen en común la estructura del embrión, formado por:

· Un tallo con dos hojas plegadas que se llaman cotiledones.

· Una parte llamada hipocótilo, que une el tallo con la raíz.

· Una raíz inmadura llamada radícula.

El embrión es por tanto una planta en miniatura dentro de la semilla, donde está unida a una reserva de alimento y protegida por una cubierta que impide que se seque. Mientras el embrión permanece en el interior y también durante las primeras fases de la germinación, las sustancias nutritivas sirven para alimentarlo. Dependiendo de cómo sean éstas hay dos tipos de semillas:

· Las que acumulan aceites y grasas: normalmente en los cotiledones que se hacen muy gruesos; es el caso de las castañas, las bellotas, las pipas de girasol, las semillas de magnolia... etc.

· Las que acumulan hidratos de carbono: que comunmente se conocen como “azúcares”; es el caso de los granos de arroz, los saúcos y la mayoría de las semillas encerradas en un fruto carnoso como la manzana o el melocotón.

Teniendo en cuenta pués, lo que es una semilla y para qué las utilizan las plantas, este debería ser el método más sencillo de multiplicación; sin embargo, en la práctica se comprueba que esto no es así o al menos no en todos los casos, ya que algunas especies se reproducen muy bien a partir de semilla y con otras se encuentran grandes dificultades. Sería interminable tratar de enumerar aquí los grupos de un tipo o de otro, pero es importante tener en cuenta este aspecto a la hora de escoger el semillero como medio de multiplicación.

Las diferencias se deben normalmente a los distintos “períodos de caducidad” que tienen las semillas, es decir, al periodo de tiempo que cada una es capaz de mantenerse en buenas condiciones para germinar.

Tal vez pueda resultarnos un poco extraño, que algo aparentemente tan protegido y aislado como una semilla pierda su capacidad para germinar, pero si nos paramos a analizar con más detalle la germinación, nos daremos cuenta de que lo realmente sorprendente es que este proceso sea posible. Se trata del nacimiento de una nueva planta completa a partir de un pequeño embrión. Cuando éste entra en contacto con el agua empieza a desarrollarse y acaba rompiendo las cubiertas que lo protegen para sacar su radícula y extender sus cotiledones de manera que puedan crecer y dar paso a las verdaderas raíces y hojas.

Es una tarea difícil en la que se gasta mucha energía, por eso las semillas necesitan un alto grado de salud y frescura para llevarlo a cabo.

Resulta verdaderamente satisfactorio cultivar una planta desde la primera fase de su crecimiento; si además nosotros mismos hemos recogido las semillas, cada plantón que sobrevive se convierte en un verdadero logro. La recolección es sencilla, depende sobre todo del tamaño:

· Las semillas pequeñas se recogen directamente de la flor, es importante dar tiempo a que maduren dentro de ella, pero adelantándose siempre al momento en el que se produce la dispersión natural. Las flores se cortan enteras y se atan en ramilletes metidas en bolsas de papel, se cuelgan todos los ramos en un lugar cálido para dejarlos secar y se sacude la bolsa de vez en cuando para ir desprendiendo las semillas. Por último se limpian con la mano, con un cedazo o aventándolas.

· Las semillas encerradas dentro de un fruto ya están completamente desarrolladas antes de que éste madure y se disperse. Si se trata de un fruto seco como castañas o bellotas, basta con guardarlas en un lugar fresco y seco. Si el fruto es carnoso hay que secarlo primero en un sitio cálido y aireado para extraer la semilla.

La forma más adecuada de guardar las semillas es en bolsas de papel o tela, en lugares fríos y secos. Las que son grasas no suelen durar más de un año, el resto puede aguantar hasta tres.

Una vez que sabemos como son las semillas y como se recolectan, podemos ponernos manos a la obra con su germinación. Lo primero que hay que hacer es desinfectar el material, sobre todo si lo hemos recogido nosotros mismos, ya que en la superficie de las semillas o incluso dentro de ellas puede haber algún agente causante de enfermedades esperando a atacar al plantón en cuanto nazca. Hay desinfectantes en polvo o líquidos; los polvos se aplican mezclandolos en un tarro o saco con las semillas y agitándolo bien durante un rato; los líquidos actúan por inmersión, tardan entre 15 y 30 minutos, después hay que colar y secar las semillas.

Una vez desinfectadas se ponen en remojo, el tiempo que deben permanecer en agua varía desde unas horas hasta varios días según el tipo de semilla que sea; el agua estará templada y se cambiará cada 10-12 horas.

Ya tenemos las semillas limpias de posibles infecciones y bien empapadas, llega el momento de sembrarlas, el primer paso es preparar un semillero, para ello necesitaremos un recipiente acorde con la cantidad y el tamaño de nuestras semillas, normalmente se usan bandejas anchas con el fondo agujereado.

Se llena la bandeja con una mezcla de tierra vegetal y mantillo o compost (abono vegetal), se enrasa la superfície y se compacta un poco, más o menos hasta 1 cm del borde, tratando de dejarlo lo más liso posible (esto resulta más fácil con una tabla).

A continuación se realiza la siembra, si las semillas son pequeñas, se esparcen uniformemente por todo el semillero con la mano o con la ayuda de un trozo de papel o cartulina, si son grandes se colocan una a una dejando separación suficiente entre ellas. Para las semillas extremadamente pequeñas resulta útil mezclarlas con un poco de arena para echarlas con más facilidad. Despues se cubren bien con una capa fina de sustrato, una criba pequeña o una maceta con varios agujeros ayuda a distribuirlo mejor. Se riega inmediatamente con regadera de roseta fina o sumergiendo la bandeja para que absorba el agua necesaria. (La humedad es fundamental para la germinación, tiene que mantenerse más o menos constante pero sin que haya encharcamiento).

Cuando ya están listos, los semilleros se colocan en algún lugar cálido. Para favorecer el proceso se pueden tapar con un cristal y cubrirlo con un papel, de esta forma se mantiene mejor el calor y se evita que se evapore demasiada agua. Si todo va bien en unas dos semanas comenzarán a aparecer las plantitas.

Durante esta primera fase del crecimento hay que vigilar con especial cuidado la aparición de hongos o cualquier otra plaga para tratarla de inmediato, ya que si se extiende echará a perder el semillero entero sin remedio.

Los plantones van extendiendo sus primeras hojas, los cotiledones, que en la mayoría de los casos son distintos de las hojas verdaderas, cuando aparecen éstas, empieza a hacer falta un poco más de espacio, es el momento de repicar.

Repicar consiste en pasar, una a una, las plantas germinadas a otra bandeja en la que se colocarán separadas unos 3 cm entre sí. También cabe la posibilidad de pasarlas a una bandeja de alveolos, son bandejas compartimentadas en forma de cuadrícula, en ellas cada plantón se pone en un hueco. En cualquiera de los dos casos la bandeja se prepara con el mismo sustrato que se usó para el semillero.

Hay que tener mucho cuidado al sacar los plantones, nunca se debe tirar de las hojas; con la ayuda de un palito fino o de un lápiz, se va levantando el sustrato desde el fondo de manera que se extraigan varias plantas juntas con sus raíces enteras y cubiertas de tierra, después se separan despacio, con el mismo palito se hacen agujeros en la nueva bandeja, se introduce en cada uno la raíz completa de una planta y se tapa bien apretando un poco alrededor.

A partir de aquí hay que ir aclimatando las nuevas plantas al exterior; esto se hace progresivamente, primero se meten en una cajonera tapada y en días sucesivos se va levantando la tapa durante algunas horas al día hasta que quedan permanentemente destapadas. En ese momento ya están preparadas para pasar a su ubicación definitiva.

Son pocas las especies que se siembran fuera directamente, en estos casos el semillero se hace sobre el terreno, que debe estar convenientemente removido y abonado. Con un rastrillo se alisa la tierra y: o bien se siembra a voleo, es decir esparciendo las semillas por toda la superficie y rastrillando después suavemente para cubrirlas, o con una azada se hacen surcos en los que se distribuyen las semillas de forma regular tapándolas luego. Como ya hemos dicho mantener la humedad es primordial y hay que regar con regadera de roseta fina.

Cuando nacen los plantones y ya tienen su hoja verdadera se pueden repicar a otra parcela o entresacar los más débiles para dejar espacio a los demás.

Ahora ya sabemos todo lo necesario acerca de las semillas, con un poco de cuidado, paciencia y cariño, podremos verlas germinar y crecer para convertirse en hermosas plantas con las que repoblar nuestro jardín, obsequiar a nuestros amigos o decorar la casa.

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MULTIPLICACIÓN POR ESQUEJES

Una vez descubiertos los secretos de las semillas y su germinación, hay que pasar a hablar de la multiplicación vegetativa, es decir, de la obtención de una planta nueva a partir de un esqueje de otra ya madura.

Todo el mundo ha puesto alguna vez un trozo de planta en agua para que eche raíces y después lo ha trasplantado a una maceta; pués bien, en esto consiste básicamente el proceso, en conseguir que una parte de la planta desarrolle el resto de los elementos que le faltan para poder ser un individuo completo e independiente. El objetivo por tanto,será lograr que el esqueje forme raíces o eche brotes nuevos en el menor tiempo posible sin que se estropee; para ello es fundamental que la planta madre esté sana y en buenas condiciones.

Cuando se pretende multiplicar por esquejes con una cierta efectividad, conviene usar sustrato para enraizarlos en lugar de agua; la turba o la tierra vegetal mezclada con arena de río es apropiada para todo tipo de plantas, también se puede utilizar sólo arena de río. Las bandejas o macetas que se empleen deben estar limpias y desinfectadas, se llenan algo más de la mitad con el sustrato ligeramente compactado y se riegan con agua templada.

Con ayuda de un palito se hacen los agujeros en los que se introducen los esquejes y se mantienen con temperatura y humedad lo más constantes que sea posible, por lo que el lugar idóneo para colocar las bandejas es en el interior, ya sea en un invernadero o cobertizo o en algún rincón de casa.

TIPOS DE ESQUEJES Y SU PREPARACIÓN

Pero ¿Cómo preparar y de dónde sacar los esquejes? En teoría se puede regenerar una planta entera a partir de cualquier parte de ella; de manera que hay distintos tipos de esquejes dependiendo de su procedencia, pero no todos dan buen resultado en todas las especies; la experiencia y las características de la planta que se vaya a multiplicar nos irán indicando cuál utilizar en cada caso.

Esquejes de tallo: son los más conocidos y comunes. Se trata de un trozo de tallo, normalmente con hojas, que se corta y se pone a enraizar; cortarlos a primera hora de la mañana garantiza que estén frescos y tengan una buena reserva de agua; si no se pueden preparar inmediatamente hay que conservarlos a la sombra en un cubo de agua o en una bolsa de plástico cerrada. Estos esquejes deben tratarse de forma diferente según sea el tallo del que proceden:

-Si el tallo es joven y verde, de brotes nuevos, echará raíces con cierta facilidad pero hay más riesgo de que se marchite. En este caso son los ápices, es decir los extremos superiores, los que tienen mayor capacidad para producir raíces pero precisamente por ser la parte más tierna es la más delicada y difícil de mantener en buen estado. Se suelen poner en primavera y hay que intentar completar el proceso con rapidez, por eso conviene proteger las bandejas con una tapa transparente o un plástico para evitar que se sequen o enfríen.

-Si es un tallo maduro, semileñoso  o leñoso (arbustos y árboles), será más resistente pero tardará bastante más tiempo en enraizar, por lo que la mejor época para prepararlos es el otoño, así pasarán el invierno en el sustrato de enraizamiento y en la siguiente primavera podrán trasplantarse.

Siempre se deben escoger tallos sanos y vigorosos; en muchos casos es bueno realizar primero una poda para que salgan nuevos vástagos y éstos serán los que se utilicen. La herramienta de corte tiene que estar escrupulosamente limpia, puede ser una hoja de afeitar, una navaja o una tijera de podar dependiendo de la dureza del tallo. Si queremos asegurarnos un cierto éxito con los esquejes conviene saber que hay tres maneras de cortarlos:

-Esquejes de yema axilar (de un tallo principal): se selecciona un brote joven con hojas maduras e intactas y se corta uno de sus tallos principales 3 cm por debajo de la yema.. Se quitan las hojas inferiores del esqueje y se entierra firme en el sustrato justo hasta la yema. Sirven para cualquier tipo de tallo.

-Esquejes con talón (de un tallo secundario):el esqueje se toma de alguna de las ramitas laterales que salen en los brotes. En este caso no se corta, se desgaja del tallo principal con la mano o haciendo palanca con la navaja de manera que en la base queda una pequeña cuña, es lo que se llama talón. Son apropiados en tallos semileñosos.

-Estacas en “T” invertida:también son ramitas laterales, pero en lugar de separarlas con talón, se corta el tallo principal a ambos lados de su base y es por esa “T” por donde se entierran. Van bien en tallos leñosos.

En muchas ocasiones, los esquejes de tallo necesitan ayuda para enraizar, sobre todo cuando la planta madre es leñosa; para ello existen sustancias químicas reguladoras del crecimiento vegetal, más comunmente conocidas como hormonas de enraizamiento. Pueden encontrarse en polvo o líquidas y su aplicación es sencilla, basta con impregnar la base del esqueje antes de ponerlo en el sustrato; es importante seguir las indicaciones del producto en cuanto al modo de aplicarlo, ya que el exceso de hormonas puede estropear los esquejes.

Esquejes de hoja: algunas plantas de interior, como las de la familia de las Begoniaceas y las Crasulaceas, se multiplican bien a partir de sus hojas, incluso es el único método posible en aquellas que no tienen tallo y cuyas hojas crecen directamente desde la base; en este tipo de esquejes no solo se forman nuevas raíces, sino plantones completos que no deben trasplantarse hasta que hayan crecido lo suficiente. Es importante controlar bien la humedad, ya que las hojas se secan con facilidad y además hace falta un ambiente algo más cálido que con los esquejes de tallo.

Se pueden preparar de tres maneras siempre escogiendo hojas sanas, jóvenes y completamente desarrolladas:

-Enteras con limbo y pecíolo:, es decir con su parte plana y con el “rabito” de la hoja; ésta se corta dejando unos 4 cm de pecíolo cuyo extremo se impregna en hormonas de enraizamiento y se entierra en el sustrato hasta la base de la hoja.

-sólo el limbo: suele utilizarse para las hojas carnosas; se cortan y se dejan secar dos días, después se clavan en el sustrato. Si la hoja es pequeña se coloca plana sobre la superfície del sustrato hundiéndola un poco con los dedos.

-sólo un trozo del limbo, se corta una porción de hoja triangular o rectángular y se entierra una cuarta parte de ella en el sustrato teniendo cuidado de que quede levantada, si es necesario se puede sostener con un palito plano de madera.

Esquejes de raíz: son trozos de raíz a partir de los cuales se regenera la planta entera; esta capacidad varía a lo largo del año según el estado en el que se encuentre la planta, por eso a veces es difícil conseguir que progresen.

Para obtenerlos, primero se prepara la planta madre durante su estación de crecimiento; se desentierra entera una planta sana, se corta toda la parte aérea, es decir todo lo que no estaba enterrado y se limpian bien las raíces en un barreño de agua o con la manguera. Con una navaja afilada se cortan los trozos de raíz desde la corona, tras esta “poda” se vuelve a enterrar la planta madre (lo que queda de ella) en el lugar donde estaba para que se restablezca y eche nuevos brotes tanto de tallo como de raíz.

Cuando llega la época de latencia se desentierra otra vez la planta y de nuevo se corta la parte aérea, se lavan las raíces y se cortan los trozos más jóvenes con corte perpendicular a la corona. La planta madre se vuelve a enterrar en su sitio y se preparan los esquejes quitando las raíces laterales y cortando el extremo final con corte sesgado, hacer los cortes diferentes evita confusiones a la hora de plantar, ya que si por error queda hacia arriba la parte inferior el esqueje no prosperará.

El sustrato es igual que en los casos anteriores y la dificultad más común suele ser la aparición de hongos, por lo que cubrir los esquejes con polvos fungicidas es una prevención útil, después se introducen en el sustrato dejando asomar el extremo superior y se cubre todo con arena. En un ambiente lo bastante cálido y manteniendo la humedad pronto saldrán las nuevas plantas de las que lo último en desarrollarse será precisamente el sistema de raíces, no debe regarse hasta ese momento.

Como se ve con un poco de paciencia y de práctica cualquiera puede lograr que estas técnicas formen parte de sus recursos habituales en la multiplicación de plantas; si no olvidamos que los nuevos plantones necesitan un período de aclimatación para endurecerse y poder sobrevivir una vez trasplantadas a su lugar definitivo, será fácil “repoblar” nuestro jardín o balcón partiendo de nuestros propios esquejes.

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www.jardinactual.com Octubre 2004

La Multiplicación de las Plantas
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